El cuerpo no fue siempre para mí un lugar de escucha.
Durante mucho tiempo lo habité desde la exigencia, desde la forma, desde lo que debía ser.
Hasta que algo empezó a pedir otra cosa: más presencia, más verdad, más tiempo.
Mi recorrido con el movimiento comenzó desde prácticas conocidas —el yoga, la exploración corporal, la respiración— pero pronto entendí que no se trataba de sumar técnicas, sino de cambiar la manera de estar en el cuerpo. Aunque agradezco todo el recorrido y la experiencia, además de recomendarla.
Fue en ese camino donde empecé a comprender al cuerpo como territorio.
No como objeto a corregir, sino como lugar de experiencia, de memoria, de emoción.
El cuerpo como espacio vivo, sensible, inteligente.
Así nació Movimiento SomaConsciente.
No como un método cerrado, sino como una forma de acompañar procesos de escucha profunda, de movimiento consciente, de presencia encarnada.
- Escuchar al cuerpo antes que imponerle una forma
- Mover desde la percepción y no desde la exigencia
- Reconocer la emoción como parte del movimiento
- Habitar el cuerpo en lo cotidiano, no solo en la práctica
Soy madre, y la maternidad transformó profundamente mi manera de habitar el cuerpo.
El embarazo, el parto y el movimiento en ese tiempo fueron una experiencia viva, activa, consciente, que dejó huella en cómo acompaño hoy a otras personas.
Elijo una forma de vida coherente con esta escucha: una alimentación vegana, un vínculo respetuoso con el entorno y una práctica corporal que prioriza la salud, la autonomía y el sentir propio. Sobre todo sin molestar a otros seres sintientes y lo menos posible a la tierra.
Este espacio no es una promesa de bienestar ni un camino ideal.
Es una invitación a volver al cuerpo, a aprender a escucharlo y a moverse desde ahí, con tiempo, con cuidado y con honestidad.
Si querés conocer más sobre mi recorrido, mis procesos y mis escritos, podés seguir leyendo en este blog.

